Otro domingo más y aquí estoy delante de esta máquina
infernal llamada ordenador y que nos trae de cabeza a más de un maestro. Que
sí, que ya se que es un invento muy práctico, que ya se que nos facilita mucho
el trabajo con los alumnos, que ya se que……
Sólo ocurre una cosa y es que con tanta tecnología nos
olvidamos de algo tan importante como son las relaciones humanas. No hay más
que ver una sala de profesores, “fulano, has terminado con el ordenador; haz el
favor termina pronto que tengo que buscar información sobre los romanos”, “mengano,
recuerdas que tienes que meter en Séneca antes del día 18 las….” Y una cola de
maestros y maestras esperando para hacer uso del único ordenador del que
disponemos para uso del profesorado.
Eran otros tiempos aquellos en los que nos sentábamos a
recordar cosas que sino uno, era otro el que recordaba y nos informaba, buscábamos
en las enciclopedias (que por cierto estaban en las salas de profesores y no
guardadas en las bibliotecas escolares donde nadie hace uso de ellas). Al fin y
al cabo nos relacionábamos.
Por otro lado se hace un uso maravilloso de él cuando está
en el aula, con la pizarra digital como miembro determinante de la educación
actual. Por cierto, ¿funciona la vuestra?. La mía hace ya tiempo que dejó de funcionar y
claro es tan sólo una espectadora de excepción de nuestra relaciones escolares.
Por todo eso pido y solicito un monumento para nuestra
pizarra tradicional, para la tiza de colores y para todo aquello que nos
recuerde que la educación no es algo del mañana y de la tecnología sino del presente y que hay que recoger todo
lo que nuestros mayores nos han enseñado para ponerlo en práctica y ayudarnos a
la educación de nuestros queridos alumnos y alumnas.
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